El Pez que no quiso Evolucionar
Es un libro del que se pueden extraer múltiples pensamientos y moralejas. A través de una serie de relatos su autor, Paco Muro, describe diferentes aspectos de la vida y reflexiona acerca de los diversos retos que hay que afrontar día a día en el mundo de la empresa.
Cada capítulo del libro aporta consejos y soluciones a problemas o situaciones que fácilmente pueden resultar familiares para cualquier persona, con el fin de que los lectores identifiquen las circunstancias para hacer que sus trabajos sean más satisfactorios, se adapten a los cambios y mejoren la competitividad de sus respectivas empresas.
El autor de este libro trata de manera magistral de explicar la importancia de la evolución para que las empresas sobrevivan en un mundo cambiante como el de hoy, en su primer capítulo compara la ficción de una estupenda historia para resaltar la validez de sus argumentos , a través de las marismas que se están agotando por falta de la escases cada vez mayor de agua y su influencia en la vida marina de los animales acuáticos, narra como la Tortuga, líder de los animales acuáticos, explica la necesidad de evolucionar haciendo que todos los animales salgan del agua de vez en cuando para irse acostumbrando y evolucionar, de paso narra cómo muere el pez Bardillo en barro, por no querer aceptar evolucionar como los demás.
Narra cómo tres empresarios con posiciones encontradas no logran ponerse de acuerdo, y forman tienda aparte cada uno, el primero le gustaba las ganancias rápidas y preparó una estructura con pocos empleados para esto, el segundo le gustaba mucho la imagen, en otras palabras creías más en las apariencias para atraer buenos clientes, el tercero quería una estructura que gozara de una estabilidad permanente, basada en la capacidad del personal humano e imagen del producto.
Al paso del tiempo los dos primero vieron como sus negocios quebraron después de una bonanza al principio, y el tercero con su estrategia estructural pudo captar siempre más clientes aún en los momentos más críticos, por lo que sus ingresos aumentaban de manera estable.
Podemos observar como inexactitudes de los directivos pueden llevar a la quiebra una empresa en tiempos de crisis, solo pensando en hacer recortes presupuestarios en la capacidad operacional de la empresa. Mostrando como ejemplo que a la hora de ajustar costes, lo primero que disminuye es el presupuesto de formación y publicidad. Si la formación y la publicidad que se estaba realizando en la empresa no ayudaban a mejorar los resultandos, hace tiempo que deberían haber sido suprimidas. Por tanto, es un error de la dirección haber derrochado esos recursos durante tanto tiempo, y solo pensar en recortes de personal medio, que lo que hace es desvirtuar la labor del personal creativo y directivo ya que tienen que encargarse de otras cosas menores en vez de realizar labores a fines con su profesión.
En la obra también lo que puede ocasionar la mala conducción de una empresa por su principal ejecutivo cuando no se quiere adaptar a los nuevos tiempos. Y la medida de algunas empresas de jubilar tempranamente a sus directivos más capaces a muy temprana edad, específicamente de los 50. Los cincuentones constituyen un colectivo de profesionales con un alto grado de conocimientos, indiscutiblemente con más experiencias y en algunos casos con un acertado comportamiento.
Además la edad vital no guarda relación con la cronóloga. Todos conocemos a personas de treinta y cuarenta años que son ancianos mentales, que más valdría que se echaran a un lado y dejaran paso a los que aún quieren empujar el carro. Igualmente nos topamos continuamente con personas de más de 60 años plenamente operativas, entusiastas y capaces de aportar a la empresa un 300% más de rendimiento eficaz que el de un junior.
En el capítulo 6 el autor claramente expresa que los cargos altos y bajos son importantes para el buen funcionamiento de la empresa, ya que todos no pueden ser directivos, explicando que necesitan personal de apoyo. Expresa que necesitamos la diversidad para ser más creativos. Se necesitan material humano de diferentes perfiles y niveles, porque tenemos que cubrir puestos de diferentes niveles y perfiles. Lo importante no es que todos sean como uno, sino que cada uno sea el adecuado para su función y bien coordinados, motivados y dirigidos
Compara magistralmente la forma que los golfista ejecutivos tienen que coordinar ciertos movimientos y razonamientos para darle bien a la bola con una buena dirección coordinada de una empresa exitosa, haciendo énfasis los ejecutivos y mandos también precisan del desarrollo del comportamiento directivo, pues si dirigen simplemente con su swing personal sin desarrollo, seguro que aún logrando buenos resultados, derrocharán esfuerzos, no obtendrán el verdadero potencial de su equipo, perderán mucho talento y tendrán muchas dificultades para mejorar su hándicap, o lo que es lo mismo, llegar a un alto nivel.
En las empresas hay dos grandes colectivos que viven para poner en marcha a los demás: los directivos y los vendedores. Comprara la dirección de equipos con la director de orquesta, ya que éste a pesar de no tocar un solo instrumentos es el responsable de todo salga bien coordinado y a un solo compás. La flexibilidad y la adaptación al entorno es fundamental en el directivo actual. La misión del director es crear las circunstancias para que el equipo y el proyecto triunfen. Muchos directivos fracasan por tratar de imponer un ritmo sin directriz que desorienta al equipo, muchos vendedores fracasan por empeñarse en acudir frente al cliente con una propuesta prediseñada, viéndose impotentes en cuanto el cliente varía el compás sobre la marca. Movilizar o influir en las personas es una cuestión de marcar y mantener el ritmo, y cada uno debe ejercer su misión
No todos son capaces de ver y sacar provecho de lo que tienen, especialmente los que no comprenden lo que ven.
Muchos son los que no saben ver la inmensa energía que se obtiene de un grupo de personas diferentes, pues no saben ver más que lo que desean ver, a los que son iguales a ellos mismos, descartando la diversidad como fuente inagotable de desarrollo. Por eso los triunfadores saben entender que la única forma de alcanzar la energía plena, la que sólo puede ofrecernos el blanco, es mediante la suma de todos los demás colores, con sus diferentes enfoques de la vida. Cuando la empresa va viento en popa, no hace falta nada del otro mundo para parecer un jefe aceptable, las diferencias se marcan cuando llega el momento de afrontar situaciones y decisiones difíciles. Claro que para mejorar de forma tangible y duradera hace falta una condición imprescindible. Que la propia empresa esté dispuesta al cambio, empezando por sus principales directivos. Si éstos no están al fr ente de ese cambio, con la máxima humildad y dispuestos a dejarse ayudar, la dicha durará poco.
En una mayoría de situaciones los problemas de comunicación interna en las empresas son sólo la fiebre, el síntoma externo que avisa que algo no va bien.
Si los principales directivos no están al frente del cambio de la empresa, con la máxima humildad y dispuestos a dejarse ayudar, la dicha durará poco. Si la dirección en general, y cada persona individual no asume que el motor de su cambio es él mismo, poco se podrá hacer desde fuera Cada uno debe asumir que el motor de su cambio es él mismo. Según el autor lo que les ocurre a muchos es que todavía no se han enterado de qué va ahora la cosa.
Los profesionales de la venta del siglo pasado, incluidos los que se consideraban los mejores, han cambiado de realidad, y deben saber incorporarse a este nuevo entorno, y evolucionar para seguir conservando su sitio ¿En qué se diferencian los vendedores profesionales del siglo XXI?
Antes necesitábamos a los vendedores, ahora queremos vendedores de alta competición. La tecnología afecta a nuestro entorno y a los parámetros tradicionales. La reciente llegada de un nuevo medio como Internet va a suponer una evolución importante en el mundo c, y ello obligará a una transformación de la figura del vendedor. Hasta ahora la figura del vendedor era imprescindible, entre otras cosas, para informar, ya que no había otra forma. El folleto siempre era escaso y, por tanto, una de las labores del vendedor era el “folleto parlante”, mucho más interactivo y extenso que el papel escrito, el vendedor debía abrir puertas, visitar cuentas nuevas para tratar de ampliar la cartera de clientes.
La extensión masiva de internet cambiará muy pronto todo esto. De hecho el cambio ya ha comenzado. El “folleto web” ya es interactivo, extenso, completo, atractivo y mucho más económico que un vendedor. Para recoger pedidos, el correo electrónico y el teléfono son suficientes, eso ya no justifica a un vendedor. De hecho, en muchos sectores, las condiciones de compra – venta se negocian una vez al año a alto nivel, de forma de que ni el vendedor, ni el encargado de compras, tienen la capacidad de negociación, así que ¿para qué va el vendedor?
Esto elimina las tareas menos especializadas de este profesional de las ventas, y obliga a que destaquen más que nunca las verdaderas habilidades de un buen vendedor. Eso de que “el que no sirve a vender”, ya no tiene sentido, y se está transformando en: “los mejores a vender”. En suma se están produciendo multitud de cambios que obligan a transformar la figura del vendedor. Bienvenido los cambios. Porque en ellos está la oportunidad de mejora y constituyen la esencia de toda evolución. Por último el autor nos enseña que cualquier recorte de gastos que vaya en contra del principio de facilitar que los profesionales claves tengan las máximas facilidades para dedicarse a su verdadero trabajo supondrá empeorar las cosas. La única persona capaz de cambiar nuestro comportamiento somos nosotros mismos. La principal ventaja competitiva es y será hacer las cosas bien.
Editorial: Ediciones Urano
Autor: Paco Muro
Páginas: 128
Fecha publicación: febrero 2009